Él. Un chico normal: joven, guapo, le resultaba gracioso, parecía simpático a primera vista. Y por si no fuera poco le recordaba a su futbolista favorito.
Ella. Una chica tímida. Demasiado como para acercarse a él, a pesar de su diferencia de edad. No se consideraba nada del otro mundo, pero sí una chica agradable y simpática, fácil de entablar relación.
Después de que todo comenzara, tuvieron que pasar tres días para que sus miradas chocasen. Y
ellos. Pero en el sentido literal de la palabra, pues
ella acabó tirada por el suelo a causa de un pisotón suyo. Se levantó lo más rápido que pudo, intentando disimular y simulando una media sonrisa como si todo estuviera bien. El color de su cara era algo así parecido a un tomate; estaba muerta de la vergüenza. Sin embargo, ya tenía algo que le recordaba a
él: un rasguño. Durante los siguientes días
ella sólo se dedicaba a mirarle de reojo en las comidas, a lo sumo cuando se cruzaban. No conseguía dirigirle la palabra hasta que un buen día
él se la dirigió. Cuatro tonterías, pero suficientes para que ella siguiese soñando y pensando que quizás querría algo con ella.
Y así pasaron los días, se podían ver las primeras (incluso segundas) parejas, y
ella pensó en tirar la toalla, convenciéndose de que eran demasiado críos; 2 años menos es todo un mundo. Y fue hablando con sus amigos cuando le dijeron que medio estaba con una chica. Como si le hubieran metido una torta, se le habían cerrado de repente las puertas. Así que se dedicó a intentar relacionarse con él, aunque fuera como amigos, pues no tenía ni una posibilidad, pero eso le daba más seguridad. Y poco a poco comenzaron a hablar, a reir, a disfrutar del tiempo que pasaban juntos...Las dos semanas juntos estaban a punto de terminar.
Y llegó el penúltimo día. Por la noche. Ya las 2 de la mañana. Cielo despejado y estrellas fugaces. Y
ella solo deseaba una cosa por cada una que veía. Estaban cerca, de hecho estaba tumbada al lado de
él, rodeándola con su brazo. Sentía que el deseo se iba a cumplir, pero por su mente volaba la "supuesta" novia.
Ella se incorporó por un momento, para ver el panorama. Típico, imagináoslo. 50 chavales, chicos y chicas durmiendo juntos. Lo más normal en las noches de acampada, todos revueltos... Decidió volver a echarse.
Y así fue como sucedió. Se miraron por un segundo interminable y sus labios se rozaron. Ya lo había conseguido, estar con el mejor chico de todos, con el que quería, con su prototipo, bajo la luz de las estrellas, tranquilo. Todo era bastante bonito hasta que de repente,
él paró."No, no puede ser, tengo novia...pf". Y ella le dijo lo que pensaba: "La verdad es que no me importa nada". Y así volvieron a besarse, hasta que agotados, se durmieron.
Y a pesar de que sólo fueron unos cuantos besos...para
ella fue algo más que eso. Fijaos si es así, que 6 meses después todavía sigue pensando en ese momento, 4 sintiéndose mal porque 2 meses más tarde no se atrevió a mostrarle sus sentimientos. Y por no ir a verle. Y por no decirle te quiero en el momento que lo tuvo que decir. Y por más cosas. Todavía tiene esperanzas de poder decirle todo, pero eso será ya en otro capítulo de su historia.
xoxo